miércoles, 18 de agosto de 2010

(1989 - 2002) " Una breve autobiografía narrativa "




Después de haber trabajado como rotulista, y haber visto a mi madre que pintaba cuadros que colgaba en el salón de su casa y a mi padre que nos ponía los letreros en los libros de texto del colegio, empiezo a pintar en 1989 en mi ciudad natal, Durango, México.
La Escuela de Pintura de Durango, existe desde la década de los cincuenta, fundada por Francisco Montoya de la Cruz, pintor del movimiento muralista mexicano, formó Talleres de Pintura, Escultura, Grabado y Artesanías. Cuando llegué a esta Institución, Montoya estaba por retirarse, la época de oro había acabado hace tiempo, y los talleres estaban prácticamente olvidados.   Tan sólo tres Maestros mantenían un entusiasmo en sus aulas: Donato Martínez, un veterano encargado del Centro, perteneciente al ex partido comunista, escultor y cofundador con Montoya de la Cruz; ellos llenaron de monumentos a héroes nacionales las calles de mi ciudad natal,   Marcos Martínez Velarde, encargado del Taller de Dibujo y Modelado, que nos hacía trabajar incasablemente ante el modelo y el maestro Guillermo Bravo Morán,   quien había estado en el gran equipo de David Alfaro Siqueiros en Cuernavaca Morelos, Siqueiros es uno de los tres pilares del Muralismo Mexicano, único movimiento artístico contemporáneo por el que se conoce México en el mundo.
La enseñanza en los Talleres de esta escuela a la que ingresé, a pesar de tener a auténticos excombatientes con un sin fin de experiencias al lado de personalidades, a mi juicio no se transmitía plenamente, puesto que los artistas, no siempre o casi nunca saben enseñar, dejando así a los alumnos, que se desarrollaran en muchas ocaciones prácticamente solos.  Haciendo uso de las instalaciones y algunos modelos que nos proporcionaban, formamos un grupo compacto, mi hermano mayor Oscar Mendoza, mi buen amigo Ricardo Fernández y yo. Empezamos por la Biblioteca de la Escuela, quizás la mejor en Arte de toda la Provincia, un tesoro que estaba olvidado, apolillado y humedecido, pues por esa zona habían muchas inundaciones. Cuando empezamos, las vitrinas no se podían abrir, por la humedad, y así, nos dimos a la tarea de clasificar los libros, y por supuesto leer todo lo que podíamos. Así, comenzamos a descubrir todo un mundo de movimientos artísticos que se incrementaron con el abstraccionismo en el siglo XX. Decidimos enclaustrarnos a trabajar encerrados día y noche en un Taller que nos proporcionaron dentro de la Escuela, con botes de chapopote, rollos de papel estraza, pigmentos y aguarrás.
La realidad siempre estuvo presente en mi inquietud de crear formas desde que ví por primera vez una ilustración de Vermeer, pero con tantos pintores que vi de principios del siglo XX, pronto empezé a enfocar mis trabajos hacia tendencias constructivistas, cubistas, expresionistas, e incluso la abstracción; el resultado fue una exposición que hicimos los tres, Ricardo, Oscar y yo en la Galería duranguense “Tlacuilos”. Tlacuilo significa pintor, en la lengua indígena nahualt. La muestra se denominó “Estratos, Arte Contemporáneo” 1990.
Se empezó a comentar en los gremios culturales de Durango que la Escuela de pintura había renacido después de muchos años, esto nos llevó a organizar a todos los demás alumnos, que éramos unos veinte, que estaban buscando lo mismo que nosotros, pero quizás con menos compromiso. Deseábamos mostrar lo que hacíamos a todo el mundo y decidimos hacerlo en las calles, en las escuelas con los niños, con los vendedores ambulantes, etc., así que realizábamos un montón de exposiciones en cualquier sitio, duraban tres horas y los caballetes expuestos se caían por los vientos polvorientos, así fue como nos empezamos a dar a conocer y comenzamos a tener críticas en la ciudad.
En 1992, leí un cartel en la Casa de la Cultura de Durango que convocaba a jóvenes para formar parte del grupo de pintores muralistas mexicanos en Cuernavaca, Morelos, dando Becas y Formación para la realización de murales;  lo comenté con Oscar y Ricardo,,, nos decidimos, juntamos algo de dinero y partimos. Fuimos seleccionados los tres, y esto nos permitió salir de Durango y estar en la zona centro de mi país. Cuernavaca, Morelos, se encuentra a una hora de la capital en autobús, Durango a doce horas.
Es completamente diferente, pues estamos en terrenos en donde la historia de mi país, en muchos sentidos se ha grabado con letras doradas; cuando se habla de cultura mexicana hay que vivir y experimentar esta región, quizás la más rica de México.
Quedamos instalados junto con los demás que habían sido seleccionados de las otras treinta y una provincias; recibíamos clases de todo tipo, y participamos en la elaboración del Mural mas grande que he visto en mi vida; dicho trabajo se encuentra aún realizándose en la cúpula del mercado de Cuernavaca. Su director es el pintor Silverio Saiz Zorrilla, un personaje vestido de militar con una capacidad de convocatoria capaz de mover cielo, mar y tierra; su equipo de trabajo era gente leal, formada en las calles que nos enseñaron estrategias de cómo sobrevivir de la pintura.
Nuestro equipo, en ese momento, realizó dos murales de 22m.x 4m., entre compresoras, andamios y arneses.
Nuestros diseños se ampliaron y experimentaron otra manera de pintarse que no se consigue sin la debida organización de un equipo. En el transcurso conocimos pintores de la talla de Rufino Tamayo, Manuel Chávez Morado, Raúl Anguiano, Víctor Contreras, Desiderio Xochitiotzin, Cázares Campos y Carlos Kunte, que nos apoyaban y aconsejaban además de brindarnos la enseñanza que no tiene precio de su experiencia.
DespuésCuernavaca, regresé a Durango, y busqué la manera de poder volver a aquella zona, al reencuentro con aquel lugar que sin duda, es de los centros culturales más importantes de América Latina.
El FONCA (Fondo Nacional Para La Cultura Y Las Artes), acababa de convocar su primer plan de  Becas en Durango, Becas para Jóvenes Creadores, aposté y me la dieron. Esto me animó a irme a vivir México D.F. en 1994, donde conocí al Maestro Francisco de Santiago Silva, Catedrático de la Academia de bellas artes de San Carlos  y Director del proyecto de máximo rendimiento académico en la Escuela Nacional de Artes Plásticas de la UNAM. Aunque yo no tenía papeles oficiales de estudios en Bellas Artes, me invitó a participar junto con sus alumnos, asistiendo a algunos Talleres como el de Javier Anzures, que por primera vez me enseñó a distinguir el color por sí mismo sin relación con el dibujo o el claroscuro. Así empezó una etapa totalmente abstracta en base a colores vivos y fuertes; la realidad pasó a un tercer plano. Aún así, los encargos de retratos me seguían manteniendo en el realismo que siempre ha estado presente en mi trayectoria.
En 1996, el Alcalde de Durango, Silerio Esparza, me encarga un retrato que me remunera con unos billetes de avión para España. Fue en este primer viaje en 1997 cuando conocí al crítico de arte Joan Peiró López, Vicerrector de cultura comunicación e imagen institucional de la Universidad Politécnica de Valencia,  el cual  me brindó una Beca alimenticia que me permitió permanecer durante un año en este país.
En este momento mi trabajo era una mezcla de pintura abstracta con realismo.
Cuando tube la oportunidad de visitar el Museo del Prado y el Louvre de París, Fue tanto el impacto ver por primera vez todas aquellas pinturas de los libros de mi adolescencia, que la realidad llenó completamente el estilo en el que quería que se expresaran mis imágenes.
Retorno a México y comienzo a sentir muy profundamente la Identidad de mi pueblo y mi Cultura, completamente diferente de lo que había alcanzado a percibir en Europa.
La conquista del Imperio Azteca por los españoles trajo sincretismos que produjeron un mestizaje que con el paso de los siglos no se ha modificado; esto ha dado lugar a una manera de sentir y de vivir que puede parecer una fantasía pero es real y que impregna cada parte de la vida….es como si se estuviese "soñando"…. Estos temas, hasta el momento, me hacen crear historias sin ningún pretencioso propósito mas que mostrar lo que he escuchado, sentido, disfrutado y vivido de los lugares por los que he pasado y de las gentes que me han llegado.
Pilar Vivo Baturone y yo decidimos vivir juntos en 1998 en Ciudad de México D.F., me otorgan una nueva Beca del FONCA y a ella le dieron otra de la Universidad Politecnica de Valencia para estar en México.   Es entonces cuando conocemos a los integrantes del Taller de Grabado “Herme” Luis Garzón Chapa y Hermenegildo Martínez en este taller al sur de la ciudad aprendo a trabajar placas de madera de 1,25mx2,50m., con motivos de la cultura popular,  nos empezamos a movilizar y exponemos los trabajos en varios Museos tanto en la capital como en provincia.
A la par y en los siguientes años (1999-2001), trabajo en el taller del pintor Enrique Estrada como ayudante haciendo políticos y escritores de tamaño natural, eso me permite tener un sueldo fijo y adquirir más experiencia, puesto que cuando se está a las órdenes de otro pintor de caballete, simplemente se tiene que hacer lo que él quiere; de esta manera, se crea una disciplina y se aprenden otras maneras de ver la pintura.
Estrada me ayuda a equilibrar los colores cálidos con los fríos, en mi caso tendía demasiado hacia los cálidos.
Mi trabajo personal, empieza a mostrar historias que tienden a un realismo mágico, imágenes que me remiten a las escritas por Juan Rulfo. Desde este momento, tanto mis temas como mi técnica, hasta hoy en día, mantienen historias que hablan precisamente de un sincretismo. Nunca pertenecí a un movimiento ni enseñanza concretos, pinto con un lenguaje que creo es el más universal, el figurativo, y trato de crear un mundo con gentes que pertenecen a cualquier lugar. Mis personajes son humanos y también símbolos con disfraz de humanos,, me gustan los cuentos y mentiras que platica la gente, porque se hacen mitos y leyendas que ellos mismos terminan adorando, no me gusta seguir normas que luego me impidan pintar escenas incoherentes, porque lo mismo me dá agarrar imágenes de aquí y de allá y ponerlas pegadas a mis terrenos, así como sucede en los sueños, tratando de no pensar demasiado en el por qué están ahí; aunque en ocasiones, de tanto que se repiten, los símbolos terminan diciéndote algo.

En el 2001, comienzo a vender obra en una Galería de la capital, y Pilar muestra mis pinturas en Nueva York consiguiendo una invitación por parte de la Galería Grady Alexis una exposición individual; dicha exposición se repetiría en una segunda ocasión en el Gracie Square Hospital de Nueva York. Lamentablemente, la embajada de aquel país no me concede el visado necesario para cruzar la frontera, así que dichas exposiciones nunca se pudieron realizar.
En el 2002, el FONCA, me concede por tercera vez otra Beca, y decidimos venir a vivir a España, donde conozco a la familia de empresarios Murcianos Jimenez Godoy, quienes adquieren gran parte de mi obra.
En mi trayectoria como pintor que empieza en 1989, las etapas han alternado momentos de más y de menos producción debido a lo laborioso de la técnica; siempre constante en el oficio de retratista. Una alergia al polvillo de la cantera, me impidió esculpir, que me gustaba más que pintar,, he realizado también escenarios para películas del viejo oeste, puesto que en mi pueblo los gringos las filman, he tratado de entender dos principales maneras de ver la pintura, la primera, las manchas por sí mismas que me han enseñado muchísimo, y la segunda, la copia de lo que veo en las fotos, en los libros y revistas, en el cine, en los sueños,,,, y desde luego, en la realidad,,,,en el realismo.


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